sábado, 16 de septiembre de 2023
Conquistadores y Crímenes
sábado, 9 de septiembre de 2023
La desgana y el desencanto
martes, 25 de julio de 2023
Sueño de una noche de Santiago
Eran de dos asignaturas diferentes, una relacionada con física —pues la profesora era la que me dio Física las distintas veces que la cursé, Inmaculada Domínguez— y otra con la Geología Estructural. Esto es lo más curioso. El profesor con nombre marroquí inventado era en realidad un pakistaní que estuvo en la facultad haciendo la tesis y del que jamás supimos su nombre, aunque mi amigo Raef lo bautizó como Farala, por aquello de «tenemos nueva chica en la oficina» la primera vez que lo vimos entrar en la cafetería.
Ambos exámenes eran una mezcla de tipo test y preguntas muy
cortas. Cuando llegué a hacerlos la gente aún estaba en una extraña clase en
una zona porticada y había transparencias de sinclinales y anticlinales. Daba
clases el señor pakistaní, pero con un acento muy de aquí, supongo que por
referencias a mi profe de matemáticas, Paco, que era de Pulianas (Granada) pero
converso al Islam. Al salir de la clase estábamos en una mezcla de la puerta
del Aula Magna de la Facultad de Ciencias y un bar de mi pueblo, Las Palmeras. Había
mucha gente de mi pasado, pero ya desconocía sus nombres e incluso sus caras. De
repente vi a uno que empezó conmigo en año 94, que iba tan poco al clase que le
llamábamos el «nuevo». Temía no acordarme de su nombre, pero no. Era Antonio.
Antonio Marín Quiñones, me decía para mí mismo. Su cara era tan nítida que le
venía la cara recién afeitada y sonrosada con singular definición.
Los exámenes empezaron en esa parte como de claustro antiguo. Unas mesas gigantes nos acogían. No estábamos ordenado sino desparramados; algunos se sentaban en escaleras que conducían a una luminosa puerta al fondo. Todo tenía un sabor muy antiguo, casi escolástico. Nos repartieron unos volúmenes. Eran las pruebas. Las preguntas venían precedidas de textos larguísimos. Ambos constaban de mil preguntas. O sea, teníamos que hacer dos mil preguntas sin tiempo definido. Y leernos esos prólogos farragosos.
Para contestar algunas tenías que haber leído libros completos. Íbamos cambiando de sitio. Una plaza con bar con grandes ficus estilo Murcia, donde el profesor que ya había dejado de ser pakistaní para transformarse en un español tipo cantautor, me dijo que como no pagara no podía seguir haciendo el examen. Fui a un cajero en el hall de la facultad que a su vez contenía a la plaza, el bar y los ficus gigantes. Metí mi tarjeta y me decía que llevaba cuatro convocatorias y ninguna pagada. ¡Qué desazón! No recordaba haber agotado ninguna de ellas. Empecé a sentir lo mismo que sentía por aquel entonces cuando estudiaba. Un asco, un agobio tal que me anulaba. Me escupía la tarjeta porque no me sabía el pin… —eso es justamente lo que me pasa ahora—… estaba agobiándome porque anochecía. Por casualidad mi padre pasaba por allí y le pedí prestada la suya con miedo a que me dijese algo por estar haciendo exámenes sin pagar la matrícula. No, me la dejó y pagué y en la pantalla del cajero salió un mensaje con el tiempo que quedaba para que acabase dicha convocatoria. Menos de 24 horas.
Me dirigí a la mesa y de repente ahora estamos a la intemperie, en la explanada
de fuera de la facultad. No había coches ni casi luces. Una vegetación más
frondosa de la que recordaba cuando yo iba, selvática; y como en mucha de las
ocasiones que sueño con estas cosas de la universidad el edificio se veía
abandonado y sucio, surcado de grietas y raíces. La luz que nos iluminaba era
azulada y venía de unas estrellas que estaban cerquísima de nosotros…
De nuevo en el claustro. Tenía luz y tranquilidad de hora de la siesta. Había acabado hacía mucho en una extraña habitación el de físicas, o eso recordaba, pero en el que había sido de estructural me quedaban muchísimas preguntas. A mí ya me daba igual suspender o aprobar. El único que seguía haciendo el examen era yo y el profesor discutía sobre verdades filosóficas con unas alumnas que habían acabado ya, con una arrogancia y una chulería que se acercaba al acoso. Algo me obligaba a seguir allí, ya repasando esas páginas sin ton ni son, escribiendo con mi pluma azul pequeños apuntes en negro en los márgenes para aclararme sin conseguirlo. Estaba comenzando ya a llorar de impotencia.
Entonces me desperté. Me estaba meando. Eran las ocho —quince minutos antes del despertador— y la luz entraba ya fuerte por el hilillo de puerta abierta del cuarto de baño. Dormí casi siete horas del tirón. He soñado otras cosas que me angustiaron mucho también, pero ahora no las recuerdo. Estaba cansadísimo y tuve que darme otros tres cuartos de hora de sueño para incorporarme al mundo vigil.
viernes, 21 de julio de 2023
Hoy ha tocado autocensura (en Instagram). Tomorrow never knows.
jueves, 6 de julio de 2023
Monotemas, corrientes y conciencia: ¡Vaya verano!
Desde que el mundo es mundo… bueno… desde que las redes
sociales son redes sociales hay una cosa que me ha espeluznado sobre todas las
cosas. El monotema. El lenguaje monotemático, martilleante, casi siempre fugaz
y sobre todo pesado es un signo de los tiempos. Diría incluso de todos los
tiempos, pero claro, con la interconexión total en la que chapoteamos como en
un charco de y meada de vaca con aceite de motor quemado y negro de colofón
cual jugadores de waterpolo puestos pues es aún peor. Cuando el hablar tol rato
de lo mismo se vuelve irrespirable es cuando los que lo hacen suelen
considerarse superiores que los demás. Ya sea por clase, por conocimientos o
por moralidad. Recuerdo cuando la moralidad era cosa de meapilas, de la mujer
del reverendo Lovejoy exclamando
entre el tumulto: ¿pero es que nadie va a pensar en los niños? En la actualidad
los niños son los demás, parece ser. Antes eran el infierno, ahora los peques de
las redes. La puerilidad con la que se tratan todos los temas invita a pensar
que es así. Cuando no existen sino los extremos dramáticos, los colores
chillones, las regañinas, las burlas infantiles y la simplificación reduccionista.
No hay apenas grises ni capas de contexto, sólo malos y buenos, nosotros y
ellos. Un pensamiento que duda es por sistema un pensamiento del otro lado del
espectro.
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Me me vaya a enterar yo de que no votas. |
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SOY EL MEGOR Y TU NO |
lunes, 25 de julio de 2022
Miniatura de finales de Julio
jueves, 9 de septiembre de 2021
La algebraica picaresca del post vacío
sábado, 1 de mayo de 2021
Interior de un convento (metafórico)

Bajando la Cuesta de Martos el
aire era fresco aunque el sol diera fuerte sobre la calzada. Como muchos días
de los últimos meses iba al Centro de Salud a curarme la herida por enésima
vez. Poca gente había por la calle. Es Primero de Mayo y en domingo adelantado
ha virado el sábado con el rojo color de la festividad y del propio domingo en
el calendario.
domingo, 4 de abril de 2021
Vanitas vanitatis
viernes, 19 de febrero de 2021
LA MADRIGUERA DEL GUSANO BLANCO
En algunos sueños ves tu cuerpo desde fuera, como un
observador lejano y ecuánime, incluso indiferente.
Título robado a Bram Stoker
Dibujillo mangado a Hideshi Hino
domingo, 15 de noviembre de 2020
Resolución Concurso "Quiero mi cícero" #cicero2020
1. plomoanddieselluci Esta es la
alegre historia de dos humanos que volvían de Jerez a Barcelona, un bonito día
de primavera. Cuando el hambre apretó, pararon a comer en una gasolinera de Ciudad
Real. Y allí estábamos nosotros, un rubio y un moreno, abandonados, delgaditos
y llenos de bichos, por fuera y por dentro. Nos montaron en su coche y aquí
llevamos 4 años, viviendo por la cara. ¿Nuestros nombres? Plomo y Diésel. A la
tercera la adoptamos después, porque no hay dos sin tres. Y hasta aquí el
microrrelato de cómo se unieron nuestros caminos. #cicero2020
2. chinchiviri_73 ¿Que pesa más, un kilo de plumas o un kilo de
plomo?-Nos preguntó el maestro a última hora en clase de Ciencias Naturales.
Mientras tanto mis pensamientos volaban como una pluma en el aire, sólo tenía
ganas de irme, salir de allí y dejar de oír aquel plomazo. A todo esto, tengo
que decir que lo mismo no pesan. #cicero2020
3. rosajornii #cicero2020 El plomo corría por las venas De
Francisco, lo estaba envenenando. Se levantó y se puso a pintar la pesadilla
que lo estuvo atormentando toda la noche.
5. printer.tester El Soldado sin Rostro se acercó, le disparé mi
último proyectil de plomo, pero no fue su corazón el que dejó de latir, si no
el mío. #cicero2020
6. marianela.medina93 A mí no me duele tener la heladera vacía, a
mí me hace mal que se acumulen boletas en el piso que parece de plomo. Qué
miedo que le tengo a la frase último aviso. #cicero2020
7. labogao1993 Los de tanatoestética le sacaron 7 kilos de plomo
del torso, pero no pudieron sacarle la mueca de orgullosa resignación del
rostro antes de presentarlo a sus enemigos. #cicero2020
8. Julio Porcel Esa mañana desperté sobresaltada. Una angustia
recorría mi cuerpo de punta a punta y no sabía el motivo. Me asomé por la
ventana y el color del cielo tampoco ayudaba a mi desazón...era gris, como el
plomo y una ligera lluvia golpeaba los cristales.
Te llamé y no respondiste…..una,
dos y hasta tres veces…….ya no era angustia…..ahora era ansiedad. Un sudor frio
me empapaba…..¡¡POR FAVOR RESPONDE!!......No había nadie.
Te busqué por todos lados y no
apareciste…….¿porque me has abandonado?. Una pregunta sin respuesta, o ¿es
acaso una respuesta que no quiero escuchar? Mi nueva compañera es igual que yo,
no recibo nada de ella, ni una palabra, ni un gesto, ni una caricia….ni tan
siquiera un desprecio…nada!!!.
No quiero estar con ella, la odio
y voy a hacer lo posible por evitar su compañía.
Me llamo Soledad. #cicero2020
9. Sjaklien Euwals #cicero2020 Lood in de schoenen
De vijand heeft mijn drukkerswerkplaats
bezet. De sporen zijn overduidelijk. Op het werkblad van de grote bok liggen
verse keutels. De nog onbedrukte vellen papier zijn besmeurd met bruine
urinevlekken. Aan de verpakte stapels op de plank hangen sliertjes papier als
spottende feestversiering. In de bovenste letterkast van de bok ontdek ik
sporen van knagen. De houten tussenschotjes zijn kapot gebeten. In de vakjes
liggen de letters van lood verstopt onder zaagsel en reepjes papier. Het zweet
breekt me uit. Dat moet het werk zijn van een rat, misschien wel van een hele
familie. Zonder pardon hebben ze zich genesteld tussen alles wat me dierbaar
is. Het voelt als knagen aan mijn ziel. Ik raak in paniek. Hoe kon dit
gebeuren, heb ik mijn passie zo verwaarloosd? Mijn hond loopt zenuwachtig rond,
ze ruikt een beest. Dan hoor ik geluid bij de degelpers. Ik draai me om.
Bovenop de inktrol van de pers zit een rat met een gemene grijns op zijn kop.
Het monster klemt een van mijn tekeningen tussen zijn poten, kijkt me
boosaardig aan en begint het papier als een bezetene te verscheuren. Met lood
in de schoenen doe ik een stap naar voren. Daar strijkt iets langs mijn wang.
Mijn hart gaat tekeer en ik geef een schreeuw van angst.
Dan schrik ik
wakker met mijn hond kwispelstaartend naast me. Was het een droom? Een
schuldgevoel dat aan me knaagt? Eén ding is zeker: die rat moet de deur uit en
mijn ontwerpen ga ik zo snel mogelijk in druk uitwerken voordat het te laat is.
Traducción Facebook
Plomo en los
zapatos
El enemigo ha
ocupado el lugar de trabajo de mi impresora. Las vías son obvias. Hay llaves
frescas en la hoja de trabajo del gran buck. Las hojas de papel aún sin
imprimir han sido destrozadas con manchas urinarias marrones. En los montones
envasados en el estante hay hebras de papel como decoración de una fiesta de
puntos. En el gabinete de la letra superior del pavo descubro rastros de
rotura. Los tabique de madera han sido mordido en pedazos. En los
compartimentos las letras de plomo están escondidas debajo del serrín y las
tiras de papel. El sudor me está rompiendo. Ese debe ser el trabajo de una
rata, tal vez de toda una familia. Sin indulto han ubicado entre todo lo que
amo. Me siento como roer en mi alma. Estoy en pánico. Cómo puede pasar esto,
descuidé tanto mi pasión? Mi perro caminando nervioso huele a un animal
Entonces yo soy parte de la prensa degel. Me doy la vuelta. En la parte
superior del rollo de tinta de la prensa hay una rata con una sonrisa media en
su cabeza. El monstruo abraza uno de mis dibujos entre sus piernas, me mira mal
y empieza a desgarrar el papel como una persona poseída. Con el plomo en mis
zapatos doy un paso adelante. Hay algo que plancha en mi mejilla. Mi corazón
está furioso y doy un grito de miedo.
Entonces me
despierto meneando a mi perro meneando a mi lado. Fue un sueño? Una culpa que
me mueve? Una cosa es cierta: esa rata tiene que salir de la puerta y voy a
hacer mis diseños lo antes posible antes de que sea demasiado tarde.
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Cuando se me pase el desencanto ya se me ocurrirán nuevas vías, jejeje.



























