Desde que el mundo es mundo… bueno… desde que las redes
sociales son redes sociales hay una cosa que me ha espeluznado sobre todas las
cosas. El monotema. El lenguaje monotemático, martilleante, casi siempre fugaz
y sobre todo pesado es un signo de los tiempos. Diría incluso de todos los
tiempos, pero claro, con la interconexión total en la que chapoteamos como en
un charco de y meada de vaca con aceite de motor quemado y negro de colofón
cual jugadores de waterpolo puestos pues es aún peor. Cuando el hablar tol rato
de lo mismo se vuelve irrespirable es cuando los que lo hacen suelen
considerarse superiores que los demás. Ya sea por clase, por conocimientos o
por moralidad. Recuerdo cuando la moralidad era cosa de meapilas, de la mujer
del reverendo Lovejoy exclamando
entre el tumulto: ¿pero es que nadie va a pensar en los niños? En la actualidad
los niños son los demás, parece ser. Antes eran el infierno, ahora los peques de
las redes. La puerilidad con la que se tratan todos los temas invita a pensar
que es así. Cuando no existen sino los extremos dramáticos, los colores
chillones, las regañinas, las burlas infantiles y la simplificación reduccionista.
No hay apenas grises ni capas de contexto, sólo malos y buenos, nosotros y
ellos. Un pensamiento que duda es por sistema un pensamiento del otro lado del
espectro.
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Me me vaya a enterar yo de que no votas. |
En la realidad, sin embargo, todo es más complejo. Los hechos y las personas
son más complicados que ese esquema que escapa a los pensamientos únicos.
Muchas veces no tenemos fuerza o convicción para seguir la corriente, y preferimos
quedarnos en la orilla fatigados y sucios bajo las inclemencias. Algunas otras
la corriente que “deberíamos” seguir es tan tumultuosa o tan falaz que nos
anclamos en medio del río. Y por lo mismo que antes, por debilidad, por falta
de iniciativa… o porque queremos quedarnos ahí, que también podría ser. Yo personalmente prefiero las llanuras de inundación
o las islas poco transitadas. En el reduccionismo a ultranza suele ocurrir que
ves enemigos en todas partes, como un paranoico. Los que no proceden según tus
valores o tu moral son tan tontos que no te son indiferentes, son tus enemigos,
te hacen algo. Yo aquí entono el mea culpa, pero a un nivel meramente estético.
Me chirrían algunos comportamientos. La uniformidad me da miedo. Quiero decir,
muchos diciendo lo mismo a la vez es un erial de la perspicacia y de la composición.
El 99,99 % del resto de las personas nos debería dar igual. En realidad, de
verdad de la buena, en el fondo, nos la sopla, y es así de una forma meridiana.
Otra cosa es esa imperiosa necesidad de demostrar que somos buenas personas.
Bueno, es una fantasía como cualquier otra. Verdaderamente queremos ser
bondadosos con quienes nuestras supuestas herramientas morales nos dictan,
aunque muchas veces eso provoca cortocircuitos en lo que viene siendo la
coherencia, que tampoco es un valor muy en alza a la fecha de los corrientes. A
los otros que les vayan dando mucho por saco entre otras cosas porque no se
merecen mi consideración más distinguida. El tema moral, o directamente la
moralina, dependiendo de las herramientas del paisanaje, determina quién merece
esa ayuda —o esa lástima— y si los demás no son sensibles al mismo asunto, pues
son unos malvados. De nuevo el reduccionismo. No voy a poner ejemplos; que cada
cual busque los suyos, pero yo digo, como autoafirmación, siendo un despojo, un
mamarracho, un tuercebotas… un mameluco: basta. Yo me planto. De hecho, ya me planté.
Solamente creo que debo explicaciones a mí mismo. Los demás juzgan… que
juzguen. Todos juzgamos en nuestra mente los procederes de los demás, no lo
niego ni un instante, pero vivimos en una sociedad y cada cual que hago lo que
quiera. Bueno, es mejor decir que cada uno haga lo que buenamente pueda. La
vida es bastante mala como para permitirnos a todos hacer lo que nos dé la gana.
Existen factores limitantes dentro y fuera, legislativos, de talentos, de
destrezas, de la propia naturaleza y de nuestra propia conciencia. Hacemos lo
que podemos, que es bastante. Pero dentro de esto sí que debería utilizar esta
palabreja aquí. Sean más empáticos* con sus semejantes, si quieren hacer ese
esfuerzo. No es obligatorio, no es ni siquiera necesario para querer a las
personas, pero por favor… no les deis la turra a lo demás con superioridades
morales de baratillo. No tengáis la impostura narcisista de decir: «yo sé lo
que tienes que hacer». Para empezar no tienes ni idea la mayoría de veces ni de
lo que tienes que hacer tú, y para acabar porque a lo mejor no te han
preguntado.
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SOY EL MEGOR Y TU NO |
*Hay un oxímoron en esos de que hay que crear sociedades empáticas o corrientes
empáticas… La empatía es una capacidad totalmente personal, individual, y por
lo tanto no compartible con los demás. Ponerse en el lugar del otro —un lugar
común para explicarla— es imposible de una forma general. Es lo que tiene ser
un tiquismiquis con los términos.
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